ECUADOR EN SU LABERINTO
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ACTUALIDAD  //  Publicado el 10 de febrero de 2025  //  18.00 horas, en Bogotá D.C.

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Quien fue presidente de Ecuador, Rafael Correa, acusado de corrupción y perseguido por la justicia de su país, sobrevive en cuerpo ajeno. Lo hace a través de su actual candidata a la presidencial Luisa González. Correa es supérstite enmascarado de la apostadora que reitera la vocación de ganar la presidencia ecuatoriana y darle de nuevo figuración al hoy desahuciado expresidente, residente actual en Bélgica. Esto en un gambito no demasiado diferente a otros del barrio iberoamericano, que se han entronizado en el manejo del poder, con maniobra propia o delegada en mascarones de proa. Esos mismos que manejan sus sociedades y las empobrecen, tal como ha ocurrido en la Argentina, Nicaragua, Venezuela o el anquilosado, vetusto, ejemplo de Cuba. Hoy gobierna a Ecuador el heredero Daniel Noboa, hijo del millonario bananero Álvaro Noboa. También es heredero, por una curiosidad de la legislación electoral, del expresidente Guillermo Lasso, quien dio un paso al costado en su mandato bajo la llamada “muerte cruzada”, debido a razones de gobernabilidad, un año largo antes de concluir su mandato. Ecuador dentro de ese cuadro, afronta un problema grave de gobernabilidad y gobernanza, bajo presión de la violencia que encabeza el narcotráfico y problemas estructurales de un país que hasta hace no mucho tiempo era uno de los buenos ejemplos regionales, de mostrar en lo que hace a estabilidad.

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Escribe: Rubén HIDALGO

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La asistencia a las urnas de un electorado que supera los 13 millones de habilitados se enmarca como un récord histórico. El volumen de ciudadanos que asistió a las urnas contrastó con sondeos previos que advertían al país sobre una marcada apatía, desalentando ánimos para asistir a la jornada de elecciones. Pero los votantes reventaron las urnas, impulsados en efecto por una apatía que se transformó en voluntad contestaria ante los problemas que golpean a la ciudadanía de manera despiadada. Al tiempo, las voluntades se atornillan a la grieta política apasionada que desune a los ecuatorianos. Tal como se suponía por trazo estadístico, habrá nueva convocatoria a las urnas, segunda vuelta que se cumplirá al final de la primera quincena del abril cercano. En Ecuador el voto es obligatorio entre los 18 y 65 años, algo bien diferente a lo ocurre en otros países de la región, como por ejemplo Colombia. Empero, eso no significa que la asistencia multitudinaria a las urnas esté soportada por la señalada obligatoriedad que impone la ley.

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La aludida grieta se inició en el final de la administración de Correa, cuando su sucesor e integrante del tándem gubernamental hizo su campaña intentando desde el inicio despegarse de la administración de la que había formado parte. Lenin Moreno ganó el pulso en 2017 con votos del correísmo, pero en claro distanciamiento con la parábola que lo precedía, y que en el rótulo respondía -y responde- al nombre de “Alianza país”. Moreno se desprendió incluso en plena campaña electoral de quien aspiraba a la vicepresidencia en su fórmula, Jorge Glas. Este cargaba con el lastre de ser un protagonista en el señalamiento de corrupción que embarró la administración de Correa y que, en definitiva, marginó a una buena parte de la opinión pública, tanto a Glas como al propio Correa. Una vindicta que se ha prolongado hasta el presente y explica, también la aparición fulgurante del actual mandatario y, como lo hace algún caballo en un hipódromo: desde atrás para ganar la carrera. Ahora Noboa quiere ratificar razón de su éxito, en tiempos tormentosos.

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El presidente en ejercicio y ganador por un margen mínimo en la compulsa de esta primera vuelta, ha tenido altas y bajas en su corto mandato de poco más de un año y medio, para completar el periodo constitucional de su antecesor. A la artillería de la criminalidad vinculada con las transacciones del narcotráfico, le siguen la corrupción estructural, una justicia débil y más debilitada por los dos factores indicados y, sumado a lo anterior, una crisis energética que enerva a la ciudadanía. Queda claro también que el principal flagelo es el rizoma de las estructuras vinculadas con el negocio de las drogas, que se prolongan desde el sur colombiano y de los grupos armados afines, además de la intervención de los carteles mexicanos. Un coctel que ha echado sus propias raíces y autonomía en suelo ecuatoriano. El asesinato del candidato Fernando Villavicencio, en agosto de 2023, fue el ápice y la evidencia de un país ahora descuadernado, el mismo que había dejado atrás la estabilidad relativa que se construyó luego del retorno a la democracia, en 1978.

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Para complementar el complejo panorama descrito, vale recordar que los siete colombianos acusados y procesados como autores del asesinato de Villavicencio, aparecieron muertos en sus celdas un año después. El entonces presidente Lasso se comprometió a hacer claridad tanto sobre el magnicidio de Villavicencio como del asesinato de los sicarios, estableciendo responsables y la imposición correspondiente de los resortes judiciales, pero nada ocurrió en ese sentido hasta el presente. La criminalidad se pasea oronda por ciudades y pueblos del país, eso no obstante los esfuerzos que se hacen desde el Palacio de Carondelet. Hubo reducción en la estadística, pero esta no ha sido significativa en las cuentas generales y ni en la sensibilidad del común. En enero del año en curso, víspera de estas elecciones, se produjo el máximo pico estadístico en criminalidad: más de 300 asesinatos en 30 días, una media de un muerto cada hora. Fue el mes más violento del último trienio y un argumento contundente para los partidarios de Correa y de su candidata.

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La campaña contra esas cifras llamada “plan Fénix”, obtuvo resultados en lo inmediato, reduciendo indicadores e índices criminales en un 15 por ciento, pero estos se fueron reduciendo de manera rápida, en las calles y en las cárceles. Las ajustadas cifras del escrutinio en el pasado domingo, con el irremediable paso a la segunda vuelta, se explica en buena medida en esa estadística. Pero no son esos los únicos bultos pesados que debe superar Noboa si no quiere, él y los ecuatorianos que respaldan su propuesta, que haya una vuelta al pasado. La aprensión que inspira el retorno a un panorama que equipare de nuevo al Ecuador con aquello que llevó al poder a la familia Kirchner y Alberto Fernández a erosionar la Argentina. Menos aun al espejo roto de los Chávez, Maduro, Díaz-Canel y Daniel Ortega. Esa es la esperanza del actual presidente ecuatoriano y de la mitad del electorado. Otra tormenta frente a las aspiraciones de Noboa es la de la crisis energética que azota al país. La vida cotidiana de los ecuatorianos está golpeada por estos problemas (aresprensa).

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VÍNCULOS : VENEZUELA, RELOJ QUE MARCA LAS HORAS  //  MILEI, APENAS UN AÑITO

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