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TODO HUELE A INTERVENCIÓN IV

ACTUALIDAD  //  Publicado el 25 de marzo de 2019  //  19.30 horas, en Bogotá D.C.

 

TODO HUELE A  INTERVENCIÓN IV

 

Mucho de algo salió mal, muy mal, aquel 23 de febrero y peor aun cuando se supo de fuentes insospechadas desde el primer momento -se confirmó después- que los incendios de los camiones cargados de ayuda humanitaria podrían no haber sido incendiados por los  paramilitares de Nicolás Maduro sino por los  grupos de choque de quienes aspiran a sacar de Miraflores a los bolivarianos. La acción incendiaria se perpetró desde el lado colombiano y ante impasibles autoridades locales de la Policía Nacional. Eso que salió tan mal en un pulso de fuerza política más que de ayuda a la castigada población venezolana, sobre el puente que separa a Colombia y Venezuela, prosiguió con cierta anomia que luego acompañó el andar del presidente interino, quien no puede aún convocar a elecciones y observa cómo el poder efectivo sobre el país sigue en Miraflores y le sigue dejando a él y a la oposición el acotado margen de maniobra que siempre ha tenido. Mientras tanto Maduro sigue jugando con un tiempo que lo favorece y le permite seguir haciendo jugadas provocadoras con su violencia criminal ratificada. Tal como esa en la que sometió a la mazmorra al principal colaborador de Guaidó, Roberto Marrero.

En la confusión de aquella  jornada de febrero hubo cosas que pudieron no haber  sido así, pero igual el cuadro expuesto ha golpeado de mala manera a quienes con razón pretenden que  algo de la democracia que todos conocen y suponen que debería estar vigente, regrese al maltratado país petrolero. En el mes largo ya transcurrido desde aquella mala hora la sombra y el  llamado a la intervención directa que confronte tanto con Miraflores como con los cubanos que han colonizado los aparatos militares y de seguridad venezolanos, tiene ahora menos eco y vocinglería de coro, al tiempo que se  hacen negativas al respecto. Pero la posibilidad sombría acecha no obstante el repliegue de los jugadores iniciales, que siguen buscando el desplazamiento de Maduro y de su régimen bolivariano.

El encuentro de Jair Bolsonaro y de Donald Trump en Washington cubrió buena parte de ese tema y el panorama de la hora hace pensar que el tramo final del proceso sigue en pleno desarrollo. Eso no obstante que el país que mayores resistencias ha tenido en lo que hace a la presencia de los  norteamericanos en la región y en el desenlace de la cuestión venezolana sea, precisamente, Brasil.  Nada necesitaba Maduro para ensuciarse más la cara y las manos, de por sí untadas de sangre de tantos venezolanos que ya perdieron la vida por acción y reacción de la dictadura. Ahora todo volvió a trasladarse al pulso de  fuerzas en el interior de  Venezuela y la  camarilla que resiste hizo una jugada astuta al no poner preso a Guaidó u mantener la marcha de su reloj, el propio, en el que el manejo del tiempo siempre le dio resultado.

En  ese tiempo, modo y espacio están más acotados por el aislamiento internacional y el cierre cada vez mayor de las fuentes de recursos. Es por eso que Maduro no le echa el guante al presidente interino, pero nadie debe suponer que no lo hará, solo se está aguardando el momento para que la barbarie dé un nuevo  zarpazo de arrogancia y violento despotismo sin ilustración. El golpe y la indignación por el prolongado y reciente corte de energía que afectó a todo el país prolongaron la espera y las apuestas de las nuevas jugadas, en momentos que los contendores saben que sin treguas  se la juegan toda en cada movimiento que exige ahora extrema cautela. Pero ahí siguen mientras el señor Juan Guaidó pueda sostener sus jugadas de ajedrez en libertad y no en el martirio de la prisión u otras retaliaciones más graves.  

Maduro no necesitaba ningún favor en contra de su imagen, como esa que se proyectó con los camiones y la frustración por el ingreso malogrado de la llamada ayuda humanitaria. Se sabía que por lo escasa esa colaboración internacional no era otra cosa que un acto político, apenas unos granos de arena para brindar unos cortos chispazos de respaldo caritativo. Para la muestra, una evidencia contundente: la Cruz Roja no ha querido participar de la logística para el ingreso de los elementos humanitarios porque tiene claro que esa maniobra no es otra cosa que parte del pulso en términos del delicado juego geopolítico trazado alrededor de la situación venezolana. En medio de la pulseada el colapso del sistema energético previsible y bastante anticipado por otros eventos similares, agravó más la situación de quienes en el interior siguen señalando que están haciendo una revolución y es probable que algunos de ellos aún lo crean.

El desgreño, la corrupción, el saqueo y la mediocre e incompetente militancia de la coalición bolivariana, enfrentada a los técnicos y especialistas que ya hace mucho  tiempo fueron defenestrados completó el cuadro que tenía la falta de mantenimiento de  los equipos para el abastecimiento del flujo energético, en periodo de espera para que se precipitara el “crack” anunciado de esos servicios por los que saben y que, en efecto, ocurrió en el peor momento de la historia trágica de la saga bolivariana, que fue una esperanza hace dos décadas y es hoy un funesto desastre con discurso ficto y repetido. Los responsables acudieron a la vieja fórmula: señalar al imperio y a la presunta conspiración internacional como culpables de lo que en verdad les es propio: la chapucería y falta de tino en  lo político y administrativo.

Enmascarados en su reiterada retórica petardista ahí siguen Maduro y Diosdado Cabello. Aunque este último sabe de sobra que Dios le soltó la mano hace rato y ya nada le da, al tiempo que su representante en la Tierra, el inefable papa Francisco, también les niega el auxilio. El Pontífice le había servido a los bolivarianos de soporte en otras crisis, pero como ocurrió con otros soportes políticos del socialismo del siglo XXI, también fue burlado por la camarilla de Miraflores. La desinflada posibilidad de una fuerza sudamericana que en su momento hubiese podido acompañar y custodiar el ingreso también frustrado de la ayuda humanitaria al país en crisis innegable -salvo para los bolivarianos- se produjo cuando se advirtió que la presencia de los Estados Unidos no sería de simple apoyo logístico y material concreto en alimentos y medicinas.

Brasil fue el primero en dejar de jugar cartas en ese sentido, pues su política histórica ha sido evitar que fuerzas por  fuera de  la región se asienten en las proximidades de su sensible espacio amazónico. Algo que el estado mayor brasileño le advirtió a Bolsonaro, así como hace casi dos décadas se lo advirtió a Colombia, cuando hubo los primeros amagos de negociaciones con las Farc. La fuerza regional aludida pretendía de una vez deshacer lo que se había tejido con Unasur, organización que en el largo plazo tenía el mismo propósito de protección regional pero con signo ideológico opuesto. Después de Brasil se corrieron los otros que habían apostado a apretar a Maduro con sus contingentes uniformados, limitados en tiempo y modus operandi. En la coyuntura, Colombia se quedó sola afrontando todos los riesgos y los Estados Unidos quedaron liberados de ataduras para proceder como siempre lo han hecho en casos similares (aresprensa).   

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VÍNCULO: VENEZUELA, ANARQUÍA PREVIA         

 

Actualizado: miércoles 17 abril 2019 12:47
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