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BERLINALE: ISRAEL GANÓ OSO DORADO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE  //  Publicado el 17 de febrero de 2019  //  20.15 horas, en Bogotá D.C. 

 

BERLINALE: ISRAEL GANÓ OSO DORADO

 

Israel se llevó el Oso dorado de un festival de cine de Berlín apocado. Eso repercutió en la entrega de un premio con más pena que gloria, en una parábola de decadencia para un festival otrora famoso y causa evidente por la cual el director por casi dos décadas dio un paso al costado en el entorno de una abierta repulsa a su gestión, a la que se le cuestiona por la calidad de la selección para la competencia principal, aunque pareciera que la cosa es más seria por debajo de la superficie. “Sinonymes” de Nadav Lapid finalmente recogió su premio y ahora espera que la lluvia de críticas que caen sobre la cabeza de quien acaba de dejar la dirección de la Berlinale, no mellen sus posibilidades para la distribución internacional. Lapid obtuvo el importante reconocimiento en su tercera salida al ruedo, con un filme polémico como los otros que ha realizado y que ahora trata sobre el autorreconocimiento del ser judío y de la lucha contra la discriminación en la vida cotidiana y  fuera de Israel. En la previa, esta película ya anunciaba sus posibilidades al ganar como el mejor largometraje. El segundo premio más importante se lo llevó François Ozon por “Gracias a Dios”, otra realización para la discusión por la renovada denuncia a la Iglesia sobre los abusos detrás del altar.

Tal como ya se ha señalado en estas columnas, el cine de América Latina tuvo una pálida presencia en la nueva edición a tropezones del gran festival alemán. La colombiana película “Los Monos” sacó en buena medida la cara por la región y también “Marighella”, del brasileño Wagner Moura. El trabajo que se presentó por parte del colombo-ecuatoriano y también brasileño Jorge Landes, pretende dibujar un fresco  con nuevo enfoque de una temática demasiado trillada, la confrontación interna del país sudamericano. Esa misma que pareció que acababa con la firma del compromiso para el desarme y la reincorporación de los hombres de las Farc, pero que sigue de manera residual con la vigencia  de otros grupos. Lo nuevo del guión es que los adolescentes que deben cuidar a una persona secuestrada son parte de una secuencia  inercial de la violencia en acciones que no se sabe a ciencia a qué responden y por un grupo de violentos cuya pertenencia es tan incierta como lo inercial de sus acciones.

¿Algo nuevo?, dudoso pero atractivo y contradictorio en la nuez de la trama, como el proceso contradictorio que firmó Juan Manuel Santos, el Nobel de paz que dejó como rédito y la cachetada de esos grupos que insisten en ampliar su violencia, en general contra la población desarmada. Una racionalidad tropical o de “rizoma”, como dirían los pensadores postmodernos que pretenden encontrar razones en lo irracional. Otra racionalidad de rizoma que se exhibió en esta Berlinale es la del filme de la española Isabel Coixet que muestra la trama del inicio del siglo XX entre dos mujeres españolas que contraen matrimonio ocultando lo que hoy a nadie sorprendería. Algo que era condenado en esa época y que se vio contranatura hasta el último tramo de la centuria pasada, hasta alcanzar la espuma de la superficie en estas dos décadas del nuevo milenio, para fijar de manera arbitraria la lucha por la legitimidad de la diferencia, incluida la de género.

Pero debe decirse que la pugna contra los argumentos, incluso indirectos, frente a esta forma de experiencias de vida no concluye. “Isabel y Marcela”, que es la película de referencia, encontró la interpelación de los manejadores de salas de cine alemanas, quienes pidieron que se retirase a la obra de la lista de competidores por el Oso de Oro, debido al hecho de que es una producción de Netflix. Además, la directora Isabel Coixet debió golpear demasiadas puertas hasta conseguir dinero para la producción. La fresa oscura de la organización del Festival fue que no se retiró el trabajo de la lista principal de competidores, pero se suponía que así perdería fuerza para seguir luchando por el Oso y eso en efecto ocurrió sin que alguien dijese palabra alguna de aliento para seguir adelante en la puja, la que finalmente ganó el realizador judío. En la administración del desahuciado Dieter Kosslick y hasta este final, no se apartó un ápice de su política de llamar a participar a los excluidos o a maximalistas de la estética, como lo es el filipino Lav Diaz y, tal como acaba de verse, aunque eso atentara contra la calidad del Festival, según señalan sus críticos.

 

            MOURA             LAPID              KOSSLICK              

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En esa línea, la presentación del filme de Moura  como director ratifica lo dicho y reiterado. “Marighella” es una impugnación a la situación vigente en el Brasil de Bolsonaro y una exaltación a la lucha armada y al margen de la ley. Es una forma de ir contra la historia de América Latina, sobre todo si se mira el cuadro de tragedia que ha dejado en el continente esa forma de repulsa contra el sistema y las consecuencias para las masas de población que estos ortodoxos y fanáticos dicen defender. Venezuela y Nicaragua son un descarnado ejemplo al respecto. Moura fue el Pablo Escobar de la serie “Narcos”, que produjo hace un tiempo Netflix y protagonista en la popular “Tropa de élite”. Eso le dio el relieve necesario para lanzarse a esta nueva aventura, ahora como director. El trabajo fílmico estuvo fuera de concurso en esta curiosa edición 69 de la Berlinale, pero produjo suficiente ruido. Carlos Marighela murió en 1969, en un enfrentamiento con fuerzas del gobierno militar de entonces.

Eso fue después de fundar un frustrado y pequeño grupo de guerrilleros marxistas, que se disolvió con la muerte del líder y de otros componentes del conato. Moura aprovechó el toque de celebridad y la proyección para lanzar ácidas críticas al cuadro de situación que comenzó en Brasil con el año que corre, trazando un tendencioso paralelismo entre las circunstancias en las que murió el protagonista del filme presentado y el gobierno germinal de Jair Bolsonaro.  Otro aspecto discutido de esta Berlinale 2019 fue el haber otorgado los lauros a mejor actor y actriz al dueto chino de “So long, my son”, Wang Jingchun y Yong Mei. Fue una más entre tantas controversias que enmarcaron el Festival. Entre las consagraciones menores estuvo el Oso de plata al mejor guión, que correspondió a “La Banda de los niños” (Pirañas), sobre el libro de Roberto Saviano. Otro oso plateado, a mejor dirección, le correspondió a la alemana Angela Schanelec, por “I was at home, but...”, sin comentarios agregados para el jurado que encabezó Juliette Binoche (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 17 febrero 2019 19:55
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